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Mis entradas preferidas - INGRESAR.

Todas y cada una de las entradas forman parte de mis recuerdos, pero hay algunas que son mis preferidas. Es por eso que independientemente que ocupan un lugar en el Blog en el orden que fueron escritas, quería agruparlas en este lugar.

UN CUENTO - Un encuentro cercano con seres desconocidos.

"PONELE MUSICA AL RELATO"
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Esta historia tiene que ver con un episodio que ocurrió en una pequeña chacra de un pueblito llamado Santa Lucia de la Provincia de Buenos Aires. 
En ese hermoso pero perdido lugar el 2 de Mayo de 1972, se vivió uno de los más aterrorizantes encuentros con seres extraterrestres, hecho que dejo huellas imborrables para los protagonistas.
El dueño de la chacra, escenario de la historia, era un muchacho de unos 27 años que se llamaba Francisco, quien vivía en el lugar junto a su perro, un Bóxer mezcla bayo y atigrado de gran porte de nombre Pampa.
La pesadilla comenzó cuando el joven, cerca de las 11.00 de la noche luego de mirar un rato la televisión, sintió la necesidad de salir un poco de la casa para ver como estaba el tiempo y tomar un poco de aire fresco. 
La noche se presentaba cerrada, bastante fresca y con una tenue llovizna, que no invitaba para nada estar afuera.
En ese momento, acompañado por su perro y en la inmensidad y oscuridad de la noche, vio un enorme aparato sobrevolando los terrenos de la chacra que albergaba la casa.
El extraño artefacto, emanaba una brillante y molesta luminosidad, la cual parecía tener todos los colores del arco iris.
Francisco advirtió que el objeto volador se detenía y descendía sobre el campo, en medio de un fuerte zumbido y a unos 300 mts. aproximadamente de la vivienda.
Con ese cuadro a la vista, llamo a su perro y ambos corrieron rápidamente hacia el interior de la casa a refugiarse.
El joven excitado y un poco asustado a la vez, entró rápidamente, y su perro comenzó a ladrar de una manera poco común, ladrido que de a poco se fue transformando en un aullido.
El muchacho ante esta situación, tomó la escopeta y una linterna que tenía, y decidió junto a su mascota salir a hacer frente a la situación.  
Con mucha precaución apago las luces de su hogar y al salir, se fueron sumergiendo lentamente en la oscuridad de esa fría y húmeda noche de otoño.
Ambos, el hombre y el perro, percibieron inmediatamente una masa luminosa con muy poca definición que se acercaba lentamente hacia ellos.
En ella lograron ver a unos terroríficos seres de color gris de mediana estatura, con la cabeza muy grande, cara angulosa, enormes ojos, orejas muy pequeñas y manos con los dedos muy largos, que los miraban atentamente.
Estos alienígenas le dispararon algo que generó un fuerte resplandor e incendió un arbusto cercano a ellos, lo que puso de manifiesto que no sería un contacto amigable.
Aterrado mientras el perro ladraba desaforadamente el protagonista, abrió fuego sobre estos humanoides, los cuales advirtieron rápidamente la resistencia de Francisco y del animal, tomando la decisión de correr para ponerse a salvo entre los árboles y plantas que rodeaban la casa.
El muchacho y el Pampa corrieron hacia el interior de la vivienda a esconderse, y dentro de ella apreciaron a uno de estos espantosos seres asomándose por la ventana.
El joven apunto sobre ella y disparo su escopeta destruyendo la ventana y acertando aparentemente el tiro sobre el extraño ser.
Ocurrido ello, Francisco salió con precaución de la casa, siempre acompañado por el perro, para corroborar si verdaderamente había acertado el disparo, y la sorpresa fue enorme cuando advirtió que no había nada.
En ese momento uno de estos seres que se encontraba sobre el techo de la edificación, salto sobre el joven y lo agarró del cuello, lo que desencadeno que el Pampa saltara sobre la criatura, defendiendo a su amigo.  
El dueño de casa que pudo soltarse dispara un tiro al aire y llamo a su perro, lo que produjo que el espantoso ser que había quedado tendido en el suelo, se  levantara rápidamente y huyese a esconderse en la arboleda del lugar.
Francisco no podía creer lo que estaba sucediendo en esa escalofriante noche, en la cual él y su perro estaban rodeados y cercados por esos extraterrestres.
El muchacho estaba asustado pero atento, y el perro en un estado de exaltación, que se evidenciaba en la cara desencajada que tenía la mascota.
En medio de ese estado de locura y desconcierto, volvieron a ingresar en la casa, esperando lo peor.
Allí pasaron un tiempo imposible de medir, asediados por esas extrañas criaturas, las cuales cada tanto se asomaban por la ventana y los observaban fijamente, recibiendo los disparos de escopeta, que Francisco realizaba desde adentro, resistiendo como podía.
La vivienda de a poco iba quedando cada vez mas dañada por las descargas efectuadas, pero que servían para mantener a los malvados visitantes a raya.
Paso un buen rato, donde en el silencio de la noche no se advertía ningún movimiento afuera, lo que contribuía que de poco los ocupantes de la casa, pudieran reponerse del temor que los había invadido.
El joven se dirigió rápidamente al teléfono el cual no tenía tono, lo que motivó que Francisco y el perro, salieran de la edificación y corrieran rápidamente en dirección a la vieja pero impecable camioneta que tenía, la cual estaba estacionada sobre el camino, en la oscuridad de la noche.
Una vez afuera de la finca nuevamente, el protagonista no tenía ninguna duda que debía ir a la comisaria del pueblo.
En ese momento se sintió un ensordecedor zumbido, acompañado por un fuerte resplandor, advirtiendo el muchacho que la nave ascendía y dejaba rápidamente el lugar.
En unos 15 minutos llegaron al pueblo y en el edificio policial, Francisco fue recibido por el comisario Peñalba, un viejo policía a punto de jubilarse, quien lo conocía desde que había comprado la finca hace unos 5 años, y además como no conocerlo, si era el único veterinario que tenia el pequeño municipio.
Los efectivos de la comisaria escucharon atentamente su relato, y ocurrido esto, Francisco junto a su perro vuelven con la camioneta a la chacra, siendo acompañados por un patrullero que transportaba al comisario y a otro uniformado.
Cuando llegaron al lugar, advirtieron una tensa calma, ya no llovía, de a poco el tiempo fue mejorando.
Los hombres que hacían cumplir la ley en el lugar, escépticamente inspeccionaron todo, sin encontrar la más mínima evidencia, de la presencia de los extraños tripulantes de la nave espacial.
En el lugar los policías encontraron solamente los boquetes en las paredes de la edificación, los vidrios destruidos de las ventanas y la puerta con distintas perforaciones, todo producto de los escopetazos.
Eran casi las 4.00 de la madrugada del día siguiente aproximadamente, cuando los uniformados decidieron retirarse del lugar para volver al pueblo, no sin antes verificar el teléfono, que todavía permanecía descompuesto.
Todo parecía haber terminado, pero no fue así, porque  los misteriosos seres estuvieron esperando la partida de los policías para volver a arremeter contra la casa y sus ocupantes.
En un escenario de gritos, ladridos y disparos, permanecieron ahí hasta casi la 6.00 de la mañana, donde los extraños humanoides desparecieron de la chacra cuando ya había amanecido completamente.
No hubo zumbidos ni fuertes luces producidos por alguna nave espacial, pero los alienígenas ya no estaban en el lugar, cuando Francisco salió de la vivienda porque tenía la sensación que todo había terminado.
Los destrozos en la finca eran grandes, pero todo estaba en calma, esa calma sepulcral que fue interrumpida por el teléfono que sonó inesperadamente.
El muchacho rápidamente ingreso en la casa, atendió la llamada y se encontró que era el comisario Peñalba quien se comunicaba con el. 
El policía más allá de todo, no se había ido tranquilo del lugar, sorprendiéndose como su interlocutor que misteriosamente el problema con el teléfono se hubiese solucionado.
El comisario le pregunto si estaba todo en orden, y el joven le respondió que sí, considerando que no era necesaria ya su presencia. 
Francisco dejó pasar unos minutos donde decidió que lo mejor era descansar un rato, y así lo hizo luego de desayunar. 
Cerca de las 10.00 de la mañana acompañado por el Pampa, se dirigió a hacer una recorrida en la camioneta por las 20 hectáreas que tenía la chacra.
En esta pudo observar unos enormes círculos sobre el terreno, y al lado de un pequeño espejo de agua, encontró también unas manchas de color flúor medias amarillentas.  
Lo más raro de este episodio, es que no hubo nadie en todo el pueblo que hubiese reportado algo anormal sobre la noche pasada.
Cerca del medio día todos los que vivían en el lugar, conocían ya la historia, y Francisco fue entrevistado por el Diario y la Emisora de Radio Local.
El protagonista contó todo lo sucedido junto a su perro que no se separó nunca de su lado, en esa inolvidable noche que marcaría sus vidas para siempre.
El paso del tiempo contribuyo a que el episodio quedara lentamente en el olvido, donde la gente incrédula barajó las más diversas hipótesis, pero para los protagonistas, será un recuerdo permanente, por el resto de sus vidas. 

LIBRO DE VISITAS.