Quiero compartir con todos aquellos que ingresen a este espacio, un montón de recuerdos que son parte de mi niñez, adolescencia y juventud.
Recordaremos juntos de esos años 60, 70 y 80:
Las series y programas de televisión y sus actores
El cine y el teatro
Los automóviles
La música y sus intérpretes

Los deportes y sus protagonistas
La ciudad y nuestro barrio
Sitios de esparcimiento y diversión
Sucesos históricos

Costumbres de la época
Historias y personajes
……entre otras cosas.


6 de septiembre de 2011

Mi amigo el Piuma !!!!!


Piuma fue el único gato que tuvimos como mascota en mi casa, entro en nuestras vidas cuando una noche lo encontramos tirado en el jardín todo mojado porque estaba lloviendo.
Era muy pequeño yo diría que tenia un par de semanas de vida, y el pobre estaba que se iba y no se iba de este mundo. 
Enseguida lo limpiamos y le dimos un poquito de leche y le hicimos una camita con un almohadón viejo.
Pasaron los días y el gato fue mejorando del estado en que lo encontramos, y a los seis meses era un gato sano y con todas las mañas que tienen los felinos.
En esa época mi esposa estaba embarazada y habíamos comprado la cunita para recibir a nuestra hija.
Un día encontramos al gato durmiendo placenteramente en ella y la verdad que como nos dio tanta risa lo dejamos.
Pararon los días y Piuma había tomado la cuna como cama propia.
Nació la nena y naturalmente ocupo la cuna pese a la negativa del gato que cuando la vio intento subir.
Lo hizo en reiteradas ocasiones hasta que una vez intento agredirla lo que le valió que lo llevara al lavadero y pusiese debajo de la canilla, de ahí nunca mas trato de subir a la cuna.
Paso el tiempo y se hicieron muy amigos con la nena y jugaban juntos.
Una vez se me dio por comprar un par de cotorras australianas, compré una jaula y la puse a la altura de un metro del piso para que la nena las viera.
Una mediodía estábamos almorzando y sentimos un revuelo bárbaro en el patio donde estaba la jaula.
Cuando salimos encontramos al gato colgado de jaula y las cotorras picoteándole las manos.
Tome la decisión de poner la jaula mas alto para evitar la tentación del gato.
Pasaron unos días y nuevamente el felino ataco la jaula, esta vez por arriba recibiendo la misma agresión de parte de las cotorras.
El gato no se daba por vencido y yo tampoco en tener las gotorras.
Así fue que decidí hacer un jaulón, con maderas que tenia.
El frente del mismo era de alambre con círculos y los laterales con vidrios que había trabado con unas grampas.
Ahí fue que compre mas y mas cotorras de todos los colores que había hasta sumar una cincuenta.
Una tarde se desato una tormenta de viento y lluvia que rompió unos de los vidrios del jaulón.
El gato andaba por allí refugiándose también de la lluvia, cuando vio eso se puso al lado del jaulón y cuando la gotorras salían asustadas las iba cazando y ejecutando.
Fue un desastre liquido una veinte, hasta que logramos tirar una manta sobre el jaulón para evitar que sigan escapando.
Que podíamos hacer, es imposible ir contra el instinto cazador de un gato.
Pasaron los días y decidí regalar las cotorritas que quedan para evitar otra masacre.
Paso el tiempo y compramos un canario overo y mas tarde uno color gris, enorme que justamente por su color le pusimos nube gris.
Alojados en sus jaulas y dentro de la casa nunca hubo ningún problema con el gato.
Para ese entonces mi hija tenia unos tres años.
Un día vino corriendo a avisarnos que el canario gris no estaba en la jaula, fuimos corriendo pensado que el gato se lo había liquidado, pero no fue así había muerto y caído del palito de la jaula y estaba sobre el piso de esta.
Que injustos fuimos con el pobre gato, pensando en su participación en la muerte del canario.
Decidimos enterrar al pájaro y para ello con envolvimos en una trapo blanco.
Hicimos un pocito en el cantero del pasillo de entrada a la casa y luego de colocarlo en el, lo tapamos con tierra y colocamos una planta.
Toda esta tarea que habrá durado unos veinte minutos, era observada por el gato pero no nos llamo la atención, y dijimos caso cerrado.
A la tardecita la nena vino llorando diciendo que el cuerpo del canario no estaba, salimos corriendo y encontramos la plantita a un costado, el trapito por el otro y el cuerpo de nube gris desaparecido.
Quien pudo haber sido? no hace falta decirlo.
A la nena le dijimos para tapar este acto de barbarie que, el canario se había ido al cielo.
Piuma vivió muchos años con nosotros hasta que se transformo en un gato adulto y un día desapareció.
Lo buscamos por todo el barrio pero con resultados negativos.
Siempre recuerdo las largas siestas que dormíamos juntos en un sillón, un compañero de aquellos a la hora del descanso.
Sus aventuras son un recuerdo permanente para nosotros. 

Mata - Se fué para nunca mas volver.

En casa y de casado, siempre ha habido distintos tipos de mascotas que acompañan nuestras vidas.
Mas allá que siempre hemos tenido perros y un gato, hemos dado hogar a otros perros perdidos y hasta una paloma.
Como llego a nuestras vidas? TE CUENTO.
Con mi esposa en aquel entonces trabajábamos en el mismo lugar, y un día en una de las ventanas que daba a los baños de la mujeres, una paloma había hecho allí su nido donde había un pichón.
La madre había abandonado el nido y el pobre pichón estaba solo y expuesto al frío y a caerse del nido con pocas posibilidades de sobrevivir dado que estábamos en un quinto piso.
Entonces lo sacamos de allí y lo pusimos en una cajita y lo trasladamos desde Capital hasta Lomas donde vivimos.
Era tan pichón que todavía tenia los plumones y no podía comer solo, razón por la cual dijimos, manos a la obra y lo comenzamos a alimentar nosotros.
Con el alimento que recibía que probablemente era mas de lo que su madre le podía proveer, el pichón al cual le habíamos puesto el nombre de Mata, no tardo en crecer.
Durante el día se quedaba solo en una caja abierta hasta que llegábamos nosotros por la noche y ahí solito salía de la misma y andaba suelto, sembrando cagaditas por donde fuera.
Cuando fue mas grande lo pusimos en una jaula la cual tenia la puerta abierta, entrando y saliendo cuando el quisiera.
Así fueron pasando los días y Mata se había convertido en una paloma adulta, y contra todo pronostico seguía con nosotros.
Mi hija era chica y jugaba siempre con el como si fuera un perrito o un gato, hasta que un día cuando estábamos afuera, empezó a sobrevolar el lugar un bandada de palomas que fue advertida por Mata el cual se asomo fuera de jaula y levanto vuelo.
Esa fue la primera vez que tomaba altura porque siempre sus vuelos era cortos y tambien fué la última vez que lo vimos.  
Las palomas pasaron varias veces por sobre la casa y desaparecieron.
Quedamos muy tristes porque Mata era parte de nuestra familia aunque para algunos sea exagerado, pero entendíamos que había sido lo mejor para el animal, porque comenzaría a escribir su propia historia.

EL POBRE GALLITO.

Recuerdo siempre el gallinero que mi abuela tenia en el fondo de mi casa cuando yo era chico.
En esos años era muy común que en todas las casas que tuviese un terreno grande, alojara un lugar donde criar gallinas y otros animalitos para consumo en el hogar. 
Mi mamá me contaba que la abuela Filomena tenia unas 50 gallinas y como mínimo siempre tenia dos o tres gallos, que se criaban en un amplio espacio.
Mis recuerdos sobre el, se remontan a cuando tenia 5 o 6 años, y era un lugar prolijamente pintado y blanqueado con cal, que estaba separado de la casa por un alambrado que limitaba un espacio de unos 50m2.
La gallinas se cobijaban en una estructura hecha de madera dura con techo de chapa con palos cruzados donde estas aves se subían para repararse del sol en verano, del frió del invierno o descansar por la noche. 
Por las mañanas muy temprano sentías a los gallos cantar avisando que era hora de levantarse, y si te asomabas al fondo de apoco veías a los plumíferos dando vuelta por el gallinero. 
El abuelo José todas las mañanas luego de desayunar, se ocupaba de asear el lugar y alimentar a sus pobladores, que rápidamente se acercaban cuando lo reconocían, cacareando y esperando la comida. 
El variado alimento que se les daba, se colocaba en unas latas de dulce y tenían unos bebederos de cemento donde permanentemente se le colocaba agua fresca. 
Sobre lo que te voy a contar no tengo recuerdos porque era muy chico, por lo que contaba mi mamá y mi abuela, yo tenia unos tres o cuatro años, cuando un día acompañando a mi abuelo como lo hacia siempre, entramos en el gallinero y nadie sabe que paso por la cabeza del gallo mayor, "calculo que se sintió amenazado",  y entonces abriendo sus enormes alas arremetió contra mí, ante la mirada desesperada de mi abuelo.
Don José era un tipo que media cerca del metro ochenta y cinco, grandote pero caminaba con dificultad con un bastón porque había tenido un ataque de presión.
Mi mamá decía que fue un instante, que cuando el gallo salto sobre mi, el abuelo lo abarajó en el aire con un bastonazo que dio de lleno sobre el marote del pobre gallo.
El bicho comenzó a correr a los gritos por todo el gallinero arrastrando la cabeza, hasta que encontró una pared en su camino y ahí termino su loca carrera.
Ante tal alboroto mi mamá y la abuela se hicieron presentes al toque, asistiendo a los últimos minutos de vida del desafortunado gallo, y sin saber nada de los que había pasado, la abuela casi lo liquida al abuelo porque era el mejor gallo que tenia, y amo absoluto del gallinero. 
Recién cuando el nono pudo contar lo que había pasado, se tranquilizo y manos a la obra comenzó a preparar al enorme gallo para que se transformara en almuerzo y cena.
Tal vez hubiese correspondido enterrarlo y que descanse en paz, pero la nona lo veía como alimento y no como mascota, de hecho periódicamente se ocupaba personalmente de liquidar algún pollo o gallina para comer los Domingos.
En fin esa fue la historia del pobre gallo abatido por mi abuelo José.